“Ecuador: Muy bonito les quedó”
9 julio, 2015

Por: “Scouts Soñando el Sur”

22 al 29 de Junio.

21 de junio, nos vimos a las 7am en el terminal de Manizales para salir a Cali. Todos fuimos muy puntuales menos Laura, que sufrió en su casa por culpa de una cucaracha en la ducha; con lo que no contaba es que saliera otra en el primer bus. Durante la espera en el terminal todos los demás armaron la carpa que el Mono debía revisar antes pero no lo hizo confiando en la palabra de Juan Camilo Toro (un saludo para Toro). Llegamos a Cali vimos el partido Colombia-Perú, luego el de Brasil-Venezuela; cortamos los stickers, almorzamos en la sala de espera de Bolivariano y sudamos 5 horas como marranos (aunque sabemos que los marranos no sudan). A las 7pm salimos para Ipiales contando en el que bus llegaba a las 5 am, sin embargo a las 4:40 am estábamos abandonados por el señor en el terminal de Ipiales. Ahí empezó de verdad el viaje, fuimos al santuario de las lajas, vimos la primera llama, empezamos con la primera de las múltiples latas de atún del viaje y finalmente pasamos por Rumichaca para llegar a una ilustre fila de dos horas para llegar a Ecuador.

En Tulcán 15 minutos después de tener la tarjeta andina en nuestras manos, Suri hace su primera gracia. Tras una ráfaga de viento la tarjeta voló cuadra y media, y el corría tratando de pisarla hasta que se puso en la reja de una alcantarilla mientras todos “sudábamos petróleo”. Ahí al lado de esa alcantarilla comimos más atún y el primer aguacate. Fuimos al cementerio de Tulcán, estábamos buscando al artista pero nos dimos cuenta que “el muerto ya había fallecido”. Esa misma noche llegamos a Quito en donde nos recibieron los Scouts Ana Cristina Pérez y su esposo Fernando Erazo, durante tres noches nos quedamos en “La casa de todos”, la casa de Don Jorge y Doña Adela, también Scouts y papás de Anita quienes nos recibieron con un delicioso Mote Pillo de comida. En nuestra estadía fuimos el primer día con las Rovers Ana Lu y Mishelle a la mitad del mundo, en donde todos paramos el huevo en la puntilla. En la tarde fuimos a vender manillas en una calle, sin éxito, y en la noche Anita nos hizo una comida muy rica mientras jugábamos a bailar en Play Station, donde el Mono y Pablito sacaron sus mejores pasos.

En el centro Histórico, Pablito fue el mapa y gracias a él y a su Dios, conocimos 715 iglesias y entramos al Palacio de Carondelet, a las torres de una iglesia que hace función de mirador en donde Jorge Mario “parió piñas” y subió temblando a la punta. Nuestro último día en Quito (que no fue en Quito) estuvimos en la laguna del Quilotoa con Anita que nos llevó en el platón de su camioneta. En la bajada a la laguna que está a 4000 M.S.N.M el Mono votó el celular y se devolvió corriendo a buscarlo. En la laguna, los 4 machos restantes se “bautizaron” metiendo la cabeza en la fría laguna. Cuando queríamos tomarnos una foto bonita empezó a ventear tan fuerte que nos tocó tirarnos al piso para no ser arrastrados. Esa noche, salimos para Guayaquil. A la mañana siguiente, Richard un Rover nos recibió las maletas en el terminal para salir hacia Montañita.

En Montañita encontramos un hostal, Pacho (Su esposa y sus 3 hijos o su esposo y sus 3 gatos) nos recibieron amablemente. Fuimos a Olón, una playa cercana, en la noche parrandeamos y prometimos volver con más tiempo. Volvimos Guayaquil, Richard, nos llevó a conocer el centro y el malecón y esa misma noche, esperamos un rato en el terminal más coercitivo, y fastidioso del mundo (si come, hay tabla; si se sienta, hay tabla; si habla duro, tabla…) para llegar al último destino de Ecuador, Cuenca. En Cuenca, todo muy lindo, sobre todo el museo que nos dio un tiquete directo al parque más cercano por la siesta!… siesta de dos horas tirados en el pasto. Conocimos el Centro Histórico y gracias a Pablito, el mapa, otras 427 iglesias y museos. Hasta aquí este capítulo. Gracias a todos quienes e una u otra forma han hecho parte de nuestro viaje. Saludos a todos, besos a nuestros padres y abrazos.