Perú…Rico, Rico, Rico, Rico
29 julio, 2015

Por: “Scouts Soñando el Sur”

30 de Junio al 10 de Julio.

Antes que nada debemos recordar al maravilloso Ecuador. No solo por lo bien que la pasamos, sino también por un desafortunado evento que debemos compartirles. Sucedió en Montañita, en la casa de Pachito, nuestro hostal. Sergio Armando nos llevaba ilusionando con una comida rica y una noche decido hacer lentejas con arroz. Cuando estuvieron listas, no teníamos hambre entonces salimos a “parchar un suave” y cuando volvimos: NO HABÍA LENTEJAS!! Se nos habían comido la mitad de la olla de arroz y de lentejas Pasamos la rabia y el hambre escuchando la “misa” de la casa del lado en la que se desmayaban personas mientras había alguien en frente hablando en un idioma muy similar al arameo.

Ahora sí, le damos paso a las buenas historias de Perú que empezaron el 30 Junio en Máncora, una ciudad costera del norte. Allá pasamos todo el día al lado del mar. Era el cumpleaños de Laura lo que nos dio derecho a tomar cerveza, comer torta y chocolatina (muy pinchados). A las 5 pm, llenos de arena, nos montamos en un bus directo a Lima. Cuando llegamos, 18 horas más tarde, Cynthia Terrazos junto a Marisol nos recibieron en el lugar donde nos dejó el bus (haciendo una aclaración y una exigencia, consideramos que todas las ciudades deberían tener un terminal de transportes. UNO, no 3, 4 o un patio para cada empresa, sobre todo si la temperatura promedio es por debajo de la decente para cualquier turista).

Fuimos a la casa de Cynthia quien nos acogió junto a su familia. En su casa nos bañamos, nos pusimos la pinta (No aplica para Catalina que se puso tenis de mamá bogotana que sale a la ciclovía los domingos) y fuimos a un parque de agua muy lindo. Caminamos, fuimos al barrio Miraflores donde se encuentra la casa Scout de Perú, de ahí fuimos al malecón (Creemos que se llama así) y también pasamos por un parque que está lleno de gatos. Casi todos (Menos Laura) los miramos con mucho amor.

 

Al día siguiente, fuimos al centro histórico, entramos a varios museos, comimos corrientazo peruano, que incluía un ceviche que a todos (otra vez, menos a Laura) nos gustó mucho.

Nos sentimos muy afortunados de no haber muerto a causa de del inmundo trafico Limeño, ya que los buses quieren volar, los taxistas manejan como si no hubiera mañana y a todos (Incluyendo a Laura esta vez) se nos murieron los gusanos.

En la noche nos fuimos  para Cusco, salimos a las 9:30 PM y llegamos 26 horas después. Antes de terminar de salir del “garaje del bus” en Lima, el bus se chocó con un taxi y la mañana siguiente esperamos 3 horas mientras pavimentaban una vía para poder pasar. El bus sólo paró una vez en las 26 largas horas para que los pasajeros pudiéramos comer. Nosotros, inteligentemente, sólo llevábamos 7 panes y un pequeño bloque de queso.

Ya en Cusco, supimos lo que era el invierno. Llegamos a la media noche al terminal, después nos fuimos para la casa Scout en la que íbamos a dormir, donde Marx Ponce de León nos recibió y nos dejo instalados. Al día siguiente, él y su grupo iban de campamento, entonces aprovechamos para saludar y para vender nuestros productos.

En el día salimos a conocer el centro histórico, fuimos a varios museos, plazas, iglesias, etc. Y en la noche probamos el tradicional Pisco mientras recorríamos calles bonitas.

Al día siguiente fuimos al valle sagrado, a Ollantaytambo, Pisac y un pueblo en el que nos enseñaron a teñir la lana de las llamas con unos bichos que viven en los cactus. Allí Sergio Armando se ganó una esposa en un concurso de colores. Tras abandonar a su nueva familia, regresamos a Cusco.

Al otro día salimos a las 7 AM para Machupicchu. Todo iba bien hasta que en Ollantaytambo cogimos por una carretera destapada y empezamos a subir la montaña por miles y miles de curvas. Luego de un par de horas llegamos a un lugar lleno de nieve donde obviamente nos bajamos e hicimos una guerra de bolas.

Faltando como una hora para llegar a la hidroeléctrica, desde donde caminamos hasta la zona de camping, la carretera se puso espantosa. Era destapada y doble vía pero de un solo carril, con un abismo de 800 metros de altura a un lado y una pared de piedra de otros 800 metros de altura al otro lado. Además, nuestro querido conductor iba confiadísimo manejando como si fuera por cualquier calle citadina. En ese trayecto sentimos cómo de nuevo se morían todos nuestros gusanos.

Desde la hidroeléctrica hasta la zona de camping tocaba caminar dos horas por los rieles del tren y justo al lado pasaba el Rio Urubamba, uno de los más lindos que hemos visto. Jorge Mario y el Mono se metieron y casi se congelan.

Montamos las carpas y nos fuimos para Aguas Calientes, el pueblo de Machupicchu a comer y a dar una vuelta. Fuimos tan de buenas que el pueblo estaba fiesta por lo que pudios ver desfiles, conciertos y pólvora.

Para volver al camping tocaba caminar como unos 20 minutos por una carretera sin luz y sin gente en la que Sergio aprovecho para contar historias de miedo y hacer llorar a Catalina.

Al otro día nos levantamos bien temprano, ya que la  subida hacia la Ciudad Sagrada de Machupichu era a las 4:30 am. Vimos el amanecer subiendo la montaña y llegamos a las 6 AM a la entrada. Hicimos el recorrido y tomamos las respectivas fotos, y a las 10:30 am ya estábamos de bajada porque a las 2:40 pm nos esperaban otra vez en la hidroeléctrica para volver a Cusco.  Cabe resaltar la cantidad de problemas que tuvimos en la Ciudad Sagrada por culpa de las fotos. Primero decidimos tomarnos la foto con la bandera del Clan, pero ocurrió que al los dos minutos apareció un guardia de seguridad que nos quitó la cámara y borro  las fotos que porque no se pueden tomar fotos con banderas que no sean de países…

Mágicamente la guía que nos estaba acompañando se desapareció. Luego, estábamos tomando la foto tradicional “cliché” junto a un grupo de asiáticos, creemos que Sur Coreanos, y Jorge, tan prudente como siempre, gritó: “dígale a YOSITOCO que nos la tome” ocho segundos después se fue a esconder de la pena y la risa. Ese mismo grupo se burló de nosotros cuando nos los encontramos más adelante en el viaje, en Bolivia…. Ahhh pero gracias a que Sergio y Mario tuvieron la iniciativa de tomar una foto con la bandera del Clan al inicio del recorrido, el guardia no la pudo ver ni borrar y nuestro viaje a la Ciudad Sagrada tuvo su foto respectiva… Otra vez la carretera espantosa, llegamos a la casa y a dormir.

Al día siguiente nos dimos un descanso merecido. Nos levantamos tarde, nos quedamos jugando en la casa y haciendo pereza, y por la tarde fuimos a algunos museos que no habíamos visitado. Esa misma noche salimos para Puno, nuestra última parada en Perú.

A Puno llegamos como a las 5 am y esperamos hasta las 7 am para poder salir sin morir congelados. Dejamos los morrales guardados en el terminal y nos fuimos para las Islas Flotantes de los Uros, en el lago Titicaca. Allá nos mostraron cómo se hacen las islas, las casas y su trabajo. Laura se puso la ropa de las mujeres de allá y le lucia mucho… lástima que no consiguió marido, así de una vez se habría quedado. Montamos en los barcos o “Mercedes Benz” que son realizados del mismo material que todo lo antes mencionado. Este material es la Totora, una planta que crece en el lago.

Terminado el recorrido, volvimos a Puno y almorzamos una deliciosa trucha. Buscamos hostal, nos instalamos y fuimos a juagar billar. Compramos la comida que era una deliciosa ensalada de frutas… que resultó no ser tan deliciosa como nos la habíamos imaginado por culpa de un yogurt maluco que le echamos.

Ah! Lo más importante de Puno era un balcón que Sergio Armando no podía dejar de mirar. Al siguiente día comenzó nuestro viaje hacia Bolivia.