18, 19, 20 de Marzo de 2006
17 marzo, 2016

bado 18 de Marzo. Eran al rededor de las 06:00 PM, calculo que había pasado una hora desde que la avalancha nos arrastrara, y de que Juan Pablo Castañeda y Juan Pablo Gutierrez me encontraran arrastrándome en la vía.

Camino a Manizales la ambulancia fue detenida por el padre de David Grajales Vanegas, él era policía y cuando escuchó el pedido de auxilio por la radio agarró una moto y subió la montaña, fue el primero en llegar y seria el último en irse. Él hizo detener la ambulancia y me preguntó que había pasado, le expliqué y me preguntó por David, le dije que estaba desaparecido. David nunca había ido a una salida Scout.

Durante todo el camino hasta Manizales los rescatistas me dijeron que todo estaba bien, que ya habían rescatado a los chicos en Lucitania; yo insistía que no podían ser ellos. Lucitania esta a más de 20 KM y sabía que era imposible que llegaran hasta allá bien. Cuando llegué a la Clínica San Rafael ya habían varias personas del Grupo, el médico que me recibió era bastante tosco con migo, pues coincidencialmente días antes habíamos peleado porque atendía mal a mi madre en una cita.Fue una situación algo extraña.

Yo tenía múltiples laceraciones y contusiones, y una hipotermia aguda, me acostaron sobre cobijas y me pusieron mantas térmicas y seis lámparas, yo no sentía el frió.

Luego de que llegó mi madre decidieron trasladarme a la Clínica Villa Pilar, en la salida un socorrista de la Cruz Roja se entró a la fuerza hasta la sala de emergencia para pedirme información, terminó peleando con el médico.

Alrededor de las 07:00 PM, creo, llegué a la Clínica Villa Pilar, todos seguían diciendo que los chicos estaban bien, que estaban en Lucitania, yo seguía sin creerlo, no era lógico, ellos insistían en que tuviera Fe. Un rato después llegó un policía con una lista de personas rescatadas, empezó a leer y todos los nombres eran de mujeres, fue ahí cuando por fin me hicieron caso:Los niños estaban en la montaña. El policía miró hacia otro lado y maldijo, comenzaron a comprender la magnitud de los hechos.

La noche se haría eterna, a pesar de que ya habían limpiado la mayor parte del lodo de mi cuerpo todavía tenía la boca, nariz y vías aéreas llenas, los médicos sospechaban que tenia múltiples fracturas en todo el cuerpo, tal vez un abdomen agudo, razón por la cual no podían darme ningún liquido. Durante toda la noche cada vez que alguien entraba a verme le preguntaba si tenia noticias, ninguno me decía nada.

Como a las 11:00 PM comenzaron a entrar heridos unos muchachos de alrededor de 13 años, la misma edad de mis niños. En el barrio Samaria se había organizado una fiesta en una casa, hubo chicos que no fueron invitados, por lo que decidieron igual asistir, solo que al tocar a la puerta abrieron fuego contra quienes estaban adentro. La sala de urgencias se volvió un caos, era muy difícil controlar a los recién llegados, gritaban, insultaban a las enfermeras, intentaban fugarse, yo seguía mirando a la puerta esperando que entraran los míos.

Esa noche tuve una de mis ultimas charlas con “Dios”, le pregunté por qué estos muchachos heridos de bala iban a vivir, mientras los míos en el mejor de los casos se estaban congelando en un ríoa 3.600 metros de altura.

Al amanecer del 19 de Marzo tal vez la única persona que no sabía sobre el destino de la Tropa era yo.Los médicos ante la posibilidad de una cirugía habían dado orden de no darme ninguna noticia, la mañana prosiguió llena de visitas de personas a las que cada vez les era más difícil mentirme.

Como a las 2:00 PM empezaron a prepararme para un examen con medio de contraste, me hicieron tomar varios litros de un líquido de sabor desagradable, era lo primero que recibía en casi 24 horas. Me subieron a una ambulancia y me trasladaron al Hospital de Caldas. Fue una experiencia sumamente desagradable, me inyectaron más líquido, y me entraron a una maquina que daba vueltas y me pedían que contuviera la respiración, el líquido se calentaba dentro de mi estomago, vomité mucho.

Al salir intentaron que no pudiera ver por las ventanas, allí mismo se encontraban las familias de mis amigos recibiendo los primeros cuerpos que llegaron a la ciudad.

Al regresar a la Clínica Villa Pilar se descuidó la seguridad de la sala de urgencias y me quedé solo un rato.Un periodista de Caracol Televisión aprovechó y se entró para conseguir “La Chiva”. Me preguntó si podía hacer unas imágenes mías y realizar unas preguntas, yo le dije que sí, siempre y cuando me dijera que estaba pasando afuera.En principio se negó, pero ante mi amenaza de llamar a la seguridad accedió y me dijo todo, que todos estaban muertos, cumplí como pude con mi parte del trato y le di su nota.

Al salir el lloré durante un largo rato, pensé en todos, pero especialmente en Ricardo:Mi Guía, mi Amigo, mi Jefe, mi Hermano, la persona que me había enseñado a bailar antes de la fiesta de un Jamboree para que pudiera caerle a una niña que me gustaba, el Scout con quien compartí muchas noches bajo las estrellas, el amigo que había soportado mi despecho y había mentido por mí cuando hice una de las estupideces más grandes de mi vida.Pensé mucho en él, en su sonrisa y en todo lo que me enseñó, solo me quedo desear que todo hubiera pasado rápido.

En la noche los médicos habían descartado cualquier lesión grave, pero mi corazón estaba demasiado agitado, me advirtieron  que si no me calmaba no podría asistir a los funerales, yo no podía dejar de hacerlo, tenía un ultimo tributo que hacer, un último saludo que realizar. Respiré y me calme, tanto como pude, me forcé a dormir.

En la mañana del lunes 20 el teléfono de mi primo Sergio, quien era mi único acompañante, empezó a sonar, de alguna manera la prensa se había conseguido su número.Él no quería que yo hablara con ellos, pero yo sabia mi responsabilidad, ahora con miles de padres Scouts que querían una explicación sobre lo que había pasado, atendí todas las llamadas que hicieron esa mañana.

Al llegar a mi casa me prepararon para asistir al funeral.Si bien no tenía fracturas no podía ponerme de pie, tenía los músculos de las piernas desgarrados, por lo que debí ir en una silla de ruedas.

Al entrar al colegio había un mar de caras conocidas, todas ellas sin expresión alguna.

Juan Manuel Flórez

Óscar Andrés Uribe Becerra

Luis Felipe Ladino Arango

Jorge Iván Torres Tamayo

Johan Sebastián Castrillón Ortiz

Leonardo Arango Duque

Juan Camilo Herrera Zambrano

David Sebastián Villada Chávez

David Grajales Vanegas

Andrés Eduardo Ocampo Llano

Edgar Ricardo Mancera Tabares